Quien sí estaba perdiendo la paciencia era Elena. El personal que Petersson dispuso para seguir los pasos de Owen le entregaba informes que no le gustaban para nada.
La jovencita aparecía constantemente en ellos, no solo en la empresa, donde al parecer trabajaba, sino también en la casa de Owen. “Entonces tienen algo”, pensó Elena mientras tomaba una copa en ese lujoso restaurante en el que se había vuelto costumbre cenar… sola.
Y aunque la sangre se le helaba en las venas, se preguntaba cómo e