Anna se miró al espejo por tercera vez y bajó los hombros, resignada. Ya se había cambiado dos veces y nada la convencía. “Es para ir a jugar con Eva”, pensó para convencerse.
No quería admitir que estaba arreglándose para Owen. El vestido no se parecía en nada al que había llevado en la fiesta del hotel. Era ligero, con algunas flores, y llegaba hasta sus rodillas. Tendría que ser suficiente, ese era su vestido “bueno”, el que solo usaba para salir con Lali o para alguna reunión.
Miró el reloj