Para Elena esa noche había terminado siendo agridulce. Había logrado que se presentara, incluso llevó a una jovencita para disimular su soledad, cayó de nuevo frente a ella, y estuvo a punto de convertirlo en cenizas.
Y se le escapó de las manos.
Ese mismo lunes por la mañana, Elena se despertó en su piso del centro con una satisfacción a medias. Se levantó de la cama y caminó hasta pararse frente al enorme ventanal que daba a la ciudad. Cruzó los brazos y pensó en él: Owen podía parecer difere