Mabel lo fulminó con la mirada y le sacudió la mano.
—Está bien, hagámoslo. Solo, suelta mi mano.
—Hablemos en mi habitación…
—Mejor al jardín.
De todas formas tenía algo que preguntarle.
Estaba pensando en preguntarle por qué apareció frente a mí con tanta vergüenza y por qué seguía rompiendo su promesa de no volver a verse conmigo.
Mabel entró primero al jardín.
Michael me siguió un rato después, sosteniendo dos tazas de té de hierbas caliente en sus manos.
— ¿Quieres una bebida?
—No, estoy b