Capítulo 45. El intocable
Un gran vehículo, costoso y oscuro, se detuvo frenando de golpe, a escasos metros de la banca de la desierta estación terminal de autobuses, donde una desesperada y aterrada Alessia veía con dolor su destino inminente, a medida que era recorrida por las desagradables manos de un desconocido, que se movían como tentáculos abriéndose paso entre su ropa.
Apretaban sus pechos rígidos, sus carnes suaves y se friccionaban en sus rincones, hasta hacerla sentir náuseas, mientras intentaba bloquear su c