—Hazel Smith, ¿aceptas a Rowan Locke como tu legítimo esposo?
—Sí, acepto.
—Los declaro marido y mujer. Pueden besar a la novia —dijo el sacerdote.
Rowan no perdió el tiempo. Levantó el velo y sus labios encontraron los de ella. No fue un beso suave ni delicado. Fue diferente: profundo y apasionado, el comienzo de algo hermoso. Se separaron justo cuando el público estalló en aplausos. Una sonrisa asomó a los labios de Rowan mientras acariciaba su mandíbula con el pulgar.
Caminaron juntos por e