Dulce García
– ¿Dónde vas? – pregunte cuando Massimo tomó algunas de sus cosas y las metió en un bolso de viaje, para luego meter su laptop – aún es temprano para que te cambies de recámara – él me sonrió y se me acercó.
– Saldré, tengo que encargarme de algunas cosas antes de que nos vayamos a cenar – pasó su mano por mi cintura y acerco nuestros cuerpos – la idea es que todo sea perfecto, más si es para una mujer como tú – esa sonrisa ladina que me derretía estaba en su rostro.
Poco a poco se