Massimo Onuris
Mi corazón estaba a mil, lo que había pasado recién había sido un sueño, sus labios sobre los míos, ese sutil movimiento, solté un suspiro y casi caigo al suelo, ella había dicho que sí, había puesto fecha, que nervios, enseguida me puse en contacto con mi hermana, ella sería mi cómplice, necesitaba un restaurante con bonita vista, pero no se me venía a la mente nada.
– ¿Y en tu oficina? Digo, los ventanales dan una hermosa vista, puedo contratar un cáterin, alguien que cocine, q