Massimo Onuris
¡Mi hija! Estreche a Dulce entre mis brazos mientras veía como un doctor examinaba a nuestra hija, mis ojos se habían cristalizado y por tercera vez en la noche tenía un nudo en la garganta, uno que amenazaba con hacerme llorar como un crío, sin consuelo, sin estabilidad emocional, pero con fuerzas, ya no estaba solo, no podía simplemente dejarme estar, debía ser el hombre que ellas necesitaban.
El doctor nos dio buenas noticias, solo había sido una descompensación, pero debía ha