Kilian había partido y Kassidy no podía moverse del mismo lugar hasta que se sentó en la silla cerca del escritorio y sintió su alma rasgarse al abrir el cajón que minutos antes lo vio cerrar con dolor. El contenido de la caja negra la hizo soltar un llanto desgarrador. Un futuro hermoso quedaba atrapado en aquel objeto, ese que vio tantas veces en la mano de la mujer que le dio miles de consejos cuando era una adolescente.
Recordó entre el llanto y la desolación cuánto le encantaba escuchar l