Quise insistir, que me dijeran que sabían. Pero esa vez decidí callarme, no decir más nada, no pedir nada. Sabía que si tenía que saber algo lo sabría tarde o temprano, de alguna forma me enteraría, si no era por ellos, lo averiguaría yo sola. Eso me lo aseguraba.
Pasamos las horas entre bromas y malos chistes de Josh. Y aunque me encontraba concentrada en lo que ellos decían una parte de mí también estaba atenta a la mesa en donde hace un rato había estado sentado el pelinegro.
Era estúpido, n