- ¡Papá! – Eva y Emma gritaron al unísono y corrieron hacia él.
Pietro, que se sostenía del marco de la puerta en uno de los laterales del amplio pasillo delante de ellos, se agachó con el corazón acelerado, anhelando el abrazo de las niñas
Ambas se acomodaron contra su pecho y él respiró el aroma del cabello cobrizo de sus hijas.
Lily no pudo evitar el nudo en su garganta.
Cada año se preparaba mentalmente para explicarles que no tenían un papá, pero nunca se preparó para cuando ellas eligiera