No era quisquillosa con la comida, en el extranjero comería lo que sobrara cuando trabajaba de mesera en un restaurante, y bebería solo agua cada vez que pudiera acceder a ella gratis.
Sin una buena cobertura médica y un embarazo avanzado, era eso o volver a casa.
Por suerte conoció al Doctor Park o con su presupuesto, no habría sobrevivido al parto de las niñas.
Miró por la ventana.
A su madre le gustaba la lasaña y su padre la cocinaría el último domingo del mes, sin excepciones.
Había comido