“¿Qué? No, Kas. Eso no es posible. Sabes que eso no es posible. Saint nunca dañaría un cabello de tu cabeza. Él te ama. Yo te amo”, digo con desesperación, dando un paso adelante, rezando para que ella no dé un paso atrás. Mi corazón se encoge al pensar que ella podría tener miedo de que yo la lastimara. ¿De qué estoy hablando? La acabo de abofetear en el pasillo delante de todas esas personas. Ella acaba de tener una visión en la que mi lobo la mató. ¿Cómo podría no tener miedo de mí?
Un golpe