Me apresuro y enciendo la lámpara de la mesita noche antes de subirme a la cama.
“¡Bronx, cariño! ¡Despierta! Estás teniendo una pesadilla”. Lo agarro por los hombros, su rostro está cubierto de sudor. Me empuja con facilidad mientras sigue insultando profundamente a lo que sea con lo que esté luchando en su sueño. “¡Bronx! ¡Despierta, por favor!”.
De repente, se queda inmóvil.
“¿B-Bronx? ¿E-estás bien?”. Me inclino hacia adelante para mirarlo más de cerca.
Su ojo se abre de golpe, más