Se trataba de Myriam, que había desaparecido a los ojos de sus captores, que no notaron la maniobra y segundos después se acercaron a echar un ojo al borde del peñasco. Al no ver su cuerpo, seguramente pensaron que había caído al mar; dieron su tarea por concluida y se retiraron. Observé a Myriam, me agaché para asegurarme que ella estaba bien. No tenía ni siquiera un rasguño.
- Myriam… ¿Cómo? – pregunté estupefacta
- Soy la vurmita del caos – dijo riendo – puedo desaparecer y tele transporta