Megan
—¡¿Qué?!, no, no, no, no. Yo no puedo ser tu pareja. ¡No!, debe haber un error— me separé de él y entré en pánico.
—No hay ningún error ninfa, puede que a los osos nos cueste un poco más que a los lobos reconocer a nuestras parejas pero una vez que lo hacemos no hay error posible — el pelirrojo ya estaba acercándose a mí.
—¡Quédate ahí!, ¡no te acerques! —
—Hace un momento no te molestó tenerme cerca— sus palabras junto con su sonrisa pícara hicieron que mis mejillas se sonrojaran.