Dilemas, tentaciones y más (1era. Parte)
La misma noche
New York
Amber
Alguien dijo que las heridas del alma no se curan, ni siquiera con el tiempo, porque nunca dejamos de tocarlas. Las llevamos dentro, como cicatrices invisibles que arden al menor roce, que se abren una y otra vez con un recuerdo, con un nombre, con una maldita mirada. Aprendemos a sobrellevarlas a nuestra manera, a ocultarlas en los rincones más oscuros de nuestra memoria, como si esconderlas fuera suficiente para vivir, como si ignorarlas nos hiciera más fuertes.