Alexander
El eco de la risa de Alaia todavía flotaba en las paredes del penthouse, pero el peso de la realidad —una realidad que ahora incluía una vida creciendo en su interior— me recorría las venas como una corriente eléctrica imparable. La había visto llorar de miedo, la había visto temblar bajo el peso del rechazo de sus padres y la amenaza cobarde de Logan, y ahora, en cuestión de minutos, el destino nos había arrojado un destello de luz tan inmenso que amenazaba con cegarnos.
No iba a p