Alaia Kendrick
El silencio del Penthouse, que antes me parecía un símbolo de lujo y exclusividad, ahora se sentía como una celda de aislamiento. Las fotografías que Lorena había dejado sobre la mesa de centro seguían allí, mirándome, burlándose de mi ingenuidad. En cada una de ellas, Alexander y yo parecíamos dos personas enamoradas en un mundo donde nada más importaba. Qué idiota fui. Qué ciega. Esas mismas imágenes, que para mí eran recuerdos de los momentos más felices de mi vida, eran ahor