Alexander Sinclair
La observé mientras se hundía en el sueño, su respiración finalmente regular, su cuerpo exhausto y entregado en la suavidad de las sábanas de seda. Verla así, vulnerable, despojada de esa armadura de orgullo que siempre intentaba portar ante mí, me provocó un sentimiento que no logré identificar de inmediato. No era solo posesión, no era solo deseo. Era una urgencia por protegerla, por aislarla de un mundo que no merecía tocarla. Si el sexo era la forma en que ella se rendí