Mundo ficciónIniciar sesiónAlba en vez de sentir regocijo por las palabras del docente, sintió pesar por sus compañeros, sobre todo por Santiago. «Me debe estar odiando» pensó ella. Cuando se disponía a ir a su lugar fue interceptada por Joaquín.
—Vea pues, ¿para dónde crees que vas, vos? — cuestionó el joven colombiano, observándola con el entrecejo arrugado, molesto.
Ella colocó las manos alrededor de su cintura, lo miró a los ojos.
Queridos lectores les pregunto: ¿Existen las mentiras piadosas? Yo creo que no, las mentiras no conducen a nada bueno, y aquí lo descubriremos. No dejen de comentar. Gracias.







