Franco no olvidaría ese día con facilidad, ni siquiera estaba seguro de que todo lo que había vivido en el transcurso del mismo fuese del todo real. Eran las extrañas sensaciones que aún pululaban dentro de su pecho lo único que lo convencía de que no era producto de su retorcida imaginación.
El cargamento que encontró en Holanda se encontraba en un estado tan deplorable que estuvo a punto de hacer desaparecer a cada uno de los miembros del grupo que lo había desafiado. No se iba a quejar por e