CAPÍTULO 59. Boda
[LENA]
No era una coincidencia, pero tampoco era el destino. No sabía cómo reaccionar en el momento en el que supe el nombre del sujeto al que justamente le he estrechado la mano.
Pero no hay que confundirse, mi nerviosismo no es ni de cerca por él, es porque sé quién es y lo que su presencia implica, empezando porque antes no podía ni escuchar su nombre porque me daban ganas de tirar la televisión por la ventana o quemar el periódico al ver una nota suya.
Todo por querer destruir el parque en