—Soy un viejo con suerte. La vida no puede ser más bella que en estos momentos.
Veo a mi abuelo sonreír perezoso, observando los alrededores del jardín de la casa de reposo donde vive desde hace dos años.
— ¿Por qué lo dices, Patrick? —Cuestiona Nina, sentada a su lado, dándole un poco de gelatina de fresa en la boca con un cucharita de plástico; yo estoy sentada a su otro lado sosteniendo para él un paquete de galletas saladas.
Lo miro con curiosidad mientras él sonríe abiertamente a uno de su