Mis dedos pican mientras mis ojos inquietos tratan de mirar cualquier otra cosa que no sea el celular que he dejado hace treinta minutos sobre una de las mesas que están en el jardín de mi casa, justo frente a la piscina. La tarde ya casi termina, la brisa mese con fuerza las hojas de los arboles alrededor y varias flores rojas caen del flamboyán, donde gato, mi mascota, salta de un lado a otro para cogerlas antes de que toquen el césped.
Llegue hace una hora de ver a Patrick y la verdad, no he