Mi acción lo hizo sonreír mientras alzaba una mano para hacer una mueca como si estuviera loca.
Quizás sí, estaba enloqueciendo, eso ya no me importaba; en realidad ya pocas cosas habían dejado de tener valor para mí. Razón por la cual, comencé a correr los últimos metros que me separaban del mar, sin importar que el vestido que aun llevaba puesto se arruinara, pues costaba unos cuantos miles de dólares.
Cuando el agua me hubo cubierto casi por completo, el vestido me hacía difícil mantener el