Capítulo Ochenta

—Buenos días, bella durmiente —escucho que me dicen muy cerca del oído mientras algo suave acaricia mi rostro—. Vamos, despierta, muñeca. Hace una mañana esplendida.

Me remuevo sobre la cama y tiro de la sabana para taparme la cara mientras gruño en protesta.

—Tengo mucho sueño —rezongo entre balbuceos.

—Yo también tengo sueño, pero prefiero aprovechar el tiempo contigo —sus manos comienzan a tirar de la tela y al ver que no cedo, empieza su ataque con leves cosquillas en mis costados—. ¡Despie
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