—Es precioso, eres un romántico empedernido.
Deposito un beso en su mejilla, pero él acaricia intensamente el borde de mi pantalón, a la altura de mi pelvis. Suelto un suspiro pesado, debido a la sensación que me invade y humedece mi sexo.
—Estoy hambriento... —susurra sobre la piel de mi cuello, mientras parece olfatearme.
Y es que aquello me enloquece.
—¿Hmm? —Creo no haber escuchado bien lo que dijo. Me aparto un poco para mirarlo a los ojos—. Pero si aquí no hay comida.
Trato de tomarle la