Sonríe de lado.
—Muy bien, me parece una buena idea. —Con su mano aprieta mi cadera y me atrae hacia él, ladea la cabeza mientras observa mis piernas. Arquea una ceja—. ¿No te he dicho lo preciosa que te ves hoy?
—No, pero mi padre ya me lo dijo, así que estoy satisfecha con ese cumplido.
Acaricio la piel de su cintura y sonrío traviesa.
—Qué grosera eres... —Finge una mala mirada—. Me alegro por ti, de verdad tienes una familia que te ama.
—Y eso me hace muy feliz. Aún me siento sorprendida, a