CAPÍTULO 16
Bajo la cabeza al sentir que mi cuerpo es elevado. Sonrío como tonta, pero al ver que me sienta a horcajadas sobre él, mi risa es reemplazada por un pequeño jadeo cuando nuestros sexos rozan. Mi instinto me guía hacia sus labios y de nuevo nuestras lenguas se acarician de una forma tan erótica que me induce a menear las caderas encima de él, debido al deseo que me provoca sentir su palpitante y dura erección debajo de mí, invitándome a sucumbir ante mi anhelo por sentirlo de nuevo. Acaricio su c