Lola al notar que nadie la seguía pausó la marcha, giró su rostro y sus ojos se encontraron con la mirada llena de fuego de él, que le pareció que los orbes de Alex le quemaban las entrañas, y también se lo imaginó encima de ella, embistiéndola con fuerza, y con esa pasión tan propia de él.
De pronto una intensa lluvia cayó sobre ellos, los dos carcajearon y galoparon hasta las cabañas, los encargados los ayudaron a bajar. Lolita y Alex se adentraron a aquella casita de madera, de inmediato Al