Las manos de María Dolores cubrieron su rostro al instante que Alex le contaba todo lo que había dicho, después de beber los tragos de mezcal.
—¡Qué vergüenza! —exclamó.
—Contaste nuestras intimidades —reprochó negando con la cabeza.
Lola frunció los labios, y luego sonrió.
—Tus amigos son peores que nosotros. — Encogió sus hombros, y bajó de la cama para dirigirse a la ducha y alistarse para el evento de la noche.
Después de eso se comunicó con Emma, la niña sonreía feliz al otro lado de