Tiberius hizo lo que anunció, llevó a Evana a su casa donde la dejó al cuidado de Analía y de una enfermera que contrató para ella.
–Tiberius…, esto no es necesario…, ¿para qué contrataste una enfermera? –expresaba con algo de dificultad.
–Hermana, ni siquiera puedes hablar bien todavía, tu rostro está inflamado, te golpearon cruelmente, así que no voy a dejarte sin atención.
–Yo quería ver a Adrián.
–Ya lo viste ayer y recuerda cómo reaccionó al