La postura de Perkins se mantenía firme y estoica, entonces apareció su esposa proyectando una imagen de dulzura infinita y seguidamente Mary Ann quien, con expresión alegre, agitó sus brazos para saludarlos.
–Bienvenidos –expresó su madre.
–¡Qué alegría conocerlos a todos! –dijo con genuina sinceridad Mary Ann
–Hermosa mía, esta es mi familia –manifestó George orgulloso–, mi madre Evana Wellington, mi padre Ignacio Remington y mi hermano Adrián; él es mi tío