Irene no podía precisar lo que sentía en su corazón.
Había pensado que aquella época de su infancia tenía algún significado especial para Robin.
Pero no era así.
En su corazón, solo Lolita era la luz de su vida.
En ese momento, se sintió ridícula.
Los recuerdos del pasado, que ella solía abrazar como tesoros, solo tenían valor para ella misma.
—La subasta va a comenzar pronto, deberíamos regresar. —dijo Hugo a su lado.
Irene volvió en sí y asintió:
—Está bien.
Ella siguió a Hugo hacia el salón.