Irene, conteniendo su enojo, regresó al estudio y se disculpó con el equipo durante un buen rato antes de volver a la empresa.
Sabía que Robin había decidido no informarle a propósito la noche anterior.
Pero no entendía en qué había ofendido a ese hombre de nuevo.
Sentada en su oficina, el teléfono de Robin sonó.
—Sube a prepararme una taza de té.
—Lo siento, Señor Robin, necesito reorganizar el trabajo de la sesión de fotos en el estudio.
—¿Y eso qué?
—No tengo tiempo ahora, puede pedirle a alg