Irene se mostró dócil.
Robin no le daría oportunidad de excusarse.
Este hombre nunca se preocupaba por sus sentimientos.
Después de todos estos años, había aprendido a aceptar obedientemente sin resistir, ya fuera una tarea que él le ordenara o el dolor que él le infligiera.
—Entendido.
La cena transcurrió en silencio.
Robin comía lentamente, sin pronunciar palabra, demostrando sus buenos modales.
Irene estaba distraída, intentando ignorar los rumores de la mañana, aunque se sentía incómoda.
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