—Irene.
Robin de pronto sujetó su barbilla con firmeza.
Ella guardó silencio.
En realidad, él rara vez se mostraba enfadado.
Por lo general, ocultaba sus emociones, sin dar señales de alegría o enojo.
Mantenía todo lo que sentía muy adentro, sin permitir que nadie lo percibiera.
Pero ahora, su mirada cargada de ira hizo que Irene se sintiera ligeramente intimidada.
—Solo estaba bromeando —dijo ella, sosteniendo su mirada.
—¿Robin, realmente crees que valgo tanto?
La expresión de Robin se tornó a