De repente, se perdió toda paciencia.
—Usted solo tiene que fingir que no vio nada.
De un tirón se soltó de Sergio y volvió a caminar hacia el Irene.
Sergio rápidamente hizo una seña a las personas alrededor.
—Llamen a la policía.
Antonio soltó una risa burlona:
—Abogado Sergio, ¿todavía quieres moverte por Ciudad Nrvogrado?
Sergio sonrió:
—Claro que sí, pero tampoco puedo simplemente ver que estas cosas sucedan aquí, ¿verdad?
Antonio resopló. ¿Cuándo había sido perjudicado de esta manera?
Espec