Ese día, al regresar de Salamanca, estaba aliviada de no haber visto a Juan en la entrada del complejo.
Pero, ¿quién diría? Terminó apareciendo en el hospital.
Al entrar a la habitación, con el rostro sereno le preguntó:
—¿Qué pasa ahora? Dime.
Juan, al entrar, no tenía prisa por hablar.
Dio una vuelta por la habitación, chasqueando la lengua dos veces.
—¿Así de lujosas son ahora las habitaciones? Mi hija sí que es impresionante.
Irene no quería perder tiempo en esas tonterías, y le preguntó di