"Está bien, hermana. No tienes que sentirte mal. Siempre podemos comprar las entradas cuando vuelvas a la oficina." La voz de Matthew atravesó la niebla en la cabeza de Lylah.
"Lo siento mucho." Las palabras salieron sin cesar, sus labios apenas se movieron.
"Está bien. Pero Lylah, ¿no deberías estar pasando las fiestas con tu familia, los Moreno?" Matthew se removió en su asiento. La silla crujió bajo él.
"Simplemente porque ese imbécil de marido ha sido el peor. Ni siquiera quiere verme", fru