El cuerpo de Lylah se estrelló de lado contra el frío pavimento. Un dolor le recorrió la rodilla como una llamarada. Entreabrió los labios al intentar gritar, pero solo un gemido ahogado escapó de ellos. La sangre se filtraba por su vestido, cálida y pegajosa contra su piel. Su rótula estaba mal colocada; podía sentirla, el hueso empujado donde no debía estar.
Los matones se acercaron. Sus sombras se extendían por el suelo mientras sus bates los golpeaban, a Santiago y a ella misma.
"¡Oigan!" L