Rebeca y Ana consiguieron volar la cometa y estallaron en carcajadas de felicidad.
Al ver la sonrisa de Rebeca, los ojos de Hugo brillaron.
Rebeca se dio cuenta de la mirada que le dirigía y preguntó insegura: —¿Qué pasa?
—Nada.
Rebeca entonces no hizo más preguntas mientras se llevaba a Ana un poco más lejos y Hugo observaba desde una corta distancia, sin involucrarse.
Cansada de volar cometas, Rebeca se sentaba con Ana junto al lago a pescar, o se agachaba para estudiar los diminutos peces que