Rebeca declinó inconscientemente: —No hace falta, iré a por él.
Ella se negó secamente, y se hizo el silencio.
Rebeca: —¿Señor Saucedo?
—De acuerdo, en un momento te enviaré la información de contacto del taller de reparaciones.
—Sí, por favor.
Hugo no dijo nada más y colgó.
Naturalmente, Rebeca no podía tomar el coche con una lesión en el pie como esa.
Se lo pensó y pidió ayuda a Cristian.
Cristian prometió ir a por su coche cuando terminara.
Por la noche, Rebeca pidió comida para llevar y acab