Dulce era dulce y linda, y su vestimenta era tan apropiada para su edad que cualquiera que la veía no podía evitar querer abrazarla y besarla.
Desde cualquier punto de vista, no era ni de lejos fea y asquerosa.
También creció con cumplidos.
Era la primera vez que alguien decía eso de ella.
Dulce soltó inmediatamente un gemido de tristeza y abrazó aún más a Rebeca.
Rebeca enseguida la consoló: —No, Dulce, no eres asquerosa en absoluto, al contrario, eres guapa y linda, ¿a que sí?
¡Dulce escuchó y