Nunca fue una niña tímida ni miedosa.
Y no le importaba lo que los otros niños pensaran de ella.
De repente se sintió un poco triste al ver marchar a Rebeca y la abrazó sin soltarla: —Mamá...
Rebeca le devolvió el abrazo: —¿Qué pasa?
—Quiero...
Hacía mucho tiempo que no comía la comida de Rebeca y de repente la echó un poco de menos.
Pero cuando las palabras acudieron a sus labios, recordó que esta noche iría a ver la carrera de Natalia.
Sus ojos brillaron y soltó a Rebeca: —Nada.
La comida de m