El cielo ya se oscureció del todo.
La temperatura en las montañas también era cada vez más fría.
Guardando el celular, Hugo se volvió para ver a Rebeca y Ana, que estaban inclinadas comiendo y charlando, y se volvió a la tienda para sacar dos abrigos que abrigaba mucho.
El grande se lo dio a Rebeca.
Rebeca lo vio y dijo: —No tengo frío...
—Póntela. —Se la puso sobre los hombros, luego le puso el pequeño a Ana.
Era cierto que Rebeca no tenía frío, pero también lo era que estaría más abrigada con el abrigo puesto, que bloqueaba la mayor parte del viento, así que no se lo quitó.
Cuando terminaron de comer, la hoguera estaba a punto de empezar, y se dirigieron hacia allí.
Acababan de llegar y, al verlos, alguien no pudo evitar decir: —Oh, qué hermosa familia, son tan lindos los tres.
Rebeca dio un respingo y explicó: —No somos una familia.
Los chicos se rieron y pensaron que, aunque ahora no fueran una familia, podrían serlo en el futuro.
Al cabo de un rato, Ana se fue a jugar con niños de