El cielo ya se oscureció del todo.
La temperatura en las montañas también era cada vez más fría.
Guardando el celular, Hugo se volvió para ver a Rebeca y Ana, que estaban inclinadas comiendo y charlando, y se volvió a la tienda para sacar dos abrigos que abrigaba mucho.
El grande se lo dio a Rebeca.
Rebeca lo vio y dijo: —No tengo frío...
—Póntela. —Se la puso sobre los hombros, luego le puso el pequeño a Ana.
Era cierto que Rebeca no tenía frío, pero también lo era que estaría más abrigada con