Adrian logró zafarse de los reporteros y salió corriendo del terminal. Pero cuando llegó al estacionamiento, ya había perdido de vista el rostro que lo había sacudido.
Peor aún, no vio el auto que acababa de alejarse a toda velocidad.
¿Cómo podría olvidar jamás esos ojos? Ardientes, furiosos y fríos. Así era como Arabella lo había mirado antes de desaparecer en el aire.
Cinco años después, todavía lo perseguían.
Su pecho subía y bajaba con rapidez mientras miraba frenéticamente a su alrededor.