Aunque Arabella estaba mirando el espejo de cuerpo entero de la habitación que le habían asignado en la finca, no vio a Ivan acercarse por detrás hasta que su mano rozó su hombro y ella se sobresaltó.
—¿Estás bien? —preguntó él, colocándose completamente a su lado.
—¡Por supuesto! —Arabella fingió una risa rápidamente mientras se giraba para mirarlo—. Por cierto, estuviste genial hace un rato.
—«Esa es mi mujer» —imitó Arabella, soltando una risa un poco más sincera esta vez.
Ivan rio.
—Lo sé,